Me encantan los muchachos bulliciosos

Aquí está un extracto de vídeo de otra buena charla de la Conferencia General de octubre de 2009 sobre la preparación misionera. Este es del Elder Yoon Hwan Choi, de los Setenta y su discurso se llama Me encantan los muchachos bulliciosos. Su mensaje es muy importante para los jóvenes y sus líderes.

“Me gustaría contarles de un grupo de muchachos bulliciosos que llegaron a mi vida hace muchos años cuando yo era un obispo joven en Seúl, Corea. Eran chicos del vecindario. En ese entonces apenas uno o dos eran miembros de la Iglesia, y eran los únicos de su familia que lo eran. Eran un grupo de amigos que iban a la capilla a jugar y estar juntos. Les gustaba jugar al ping-pong durante la semana y participar en actividades divertidas los sábados. La mayoría no eran aplicados en la escuela y mucha gente los consideraba pendencieros.

“Yo era un padre joven con dos hijos varones que en esa época tenían siete y nueve años. No sabía qué hacer por aquellos muchachos. Eran tan alborotadores que una vez mi esposa Bon-Kyoung me pidió que nos mudáramos a otro barrio para que nuestros hijos vieran el buen ejemplo de otros jóvenes. Medité y oré al Padre Celestial para que me ayudara a encontrar la forma de ayudar a esos chicos. Por fin tomé la decisión de tratar de enseñarles cómo cambiar su vida.

“Llegó a mi mente una visión muy clara. Percibí que si llegaban a ser misioneros, sus vidas cambiarían. A partir de entonces me entusiasmé mucho y traté de pasar la mayor cantidad de tiempo posible con ellos, enseñándoles la importancia del servicio misional y cómo prepararse para salir a la misión.

“En aquellos días fue trasladado a nuestro barrio el élder Seo, un misionero de tiempo completo. Se había criado en la Iglesia y como joven del Sacerdocio Aarónico participó con sus amigos en un coro de hombres jóvenes. Conoció a esos chicos bulliciosos de nuestro barrio. A los que no eran miembros el élder Seo les enseñó las charlas misionales y también algunas canciones que antes cantaba. Con esos muchachos ruidosos formó un cuarteto triple al que llamó Cuarteto Hanaro, que quiere decir “sean uno”. Les gustaba cantar juntos, pero todos necesitábamos mucha paciencia cuando los oíamos.

“Nuestro hogar estaba abierto a la visita de los miembros. Los muchachos iban a la casa casi todos los fines de semana y a veces también entre semana. Les dábamos de comer y les enseñábamos, tanto los principios del Evangelio como la aplicación del mismo en sus vidas. Tratamos de darles una visión de su vida futura.

“Cantaban cada vez que iban a nuestra casa. Los fuertes sonidos que emitían nos lastimaban los oídos, pero siempre los alabábamos porque oírlos cantar era mucho más placentero que verlos meterse en problemas.

“Esas actividades prosiguieron por años. La mayor parte de esos jóvenes maduró en el Evangelio, y se produjo un milagro: con el tiempo, nueve de los muchachos que no eran miembros de la Iglesia se bautizaron. Pasaron de ser chicos bulliciosos y alborotadores a ser valientes jóvenes guerreros.

“Sirvieron en misiones, conocieron a hermosas hermanitas en la Iglesia y se casaron en el templo. Naturalmente cada uno enfrentó distintos retos al hacer la misión, seguir los estudios y casarse, pero todos permanecieron fieles porque deseaban obedecer a sus líderes y complacer al Señor. Ahora tienen familias felices con hijos que nacieron en el convenio.

“Contando a sus esposas e hijos, nueve chicos bulliciosos se convirtieron en cuarenta y cinco miembros activos del reino del Señor. Ahora son líderes en sus barrios y estacas: uno es obispo, dos prestan servicio en obispados, otro sirve en el sumo consejo y dos más son presidentes de Hombres Jóvenes. Uno de ellos es líder misional de barrio, otro secretario ejecutivo y otro maestro de seminario. Siguen cantando en grupo, y he aquí el otro milagro: ¡en realidad suenan bien! …

“Estimados hombres jóvenes, obedezcamos a los líderes de la Iglesia y seamos como Adán, que no siempre sabía el porqué pero de todas formas estaba dispuesto a obedecer. Y, por favor, asistan fielmente a las reuniones de la Iglesia. Si lo hacen, sabrán cómo prepararse para su futuro y obtendrán el éxito. A los jovencitos que nacieron en la Iglesia y también a los que se han unido a ella les digo, ustedes son el ejército del Señor. Llegarán a ser misioneros extraordinarios y padres de familias rectas. El Padre Celestial los bendecirá para que tengan familias felices. En el Evangelio tienen ustedes un futuro esperanzador y, al igual que los hijos de Helamán, nos brindarán dicha eterna a todos nosotros.”

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