La enseñanza ayuda a salvar vidas

Aquí hay algunos consejos buenos acerca de la preparación misión de Russell T. Osguthorpe, Presidente General de la Escuela Dominical. Este es un extracto de su discurso en la Conferencia General de octubre de 2009 llamado, La enseñanza ayuda a salvar vidas.

“En mi adolescencia, mi maestro de la Escuela Dominical era un ex misionero reciente, el hermano Peterson. Cada semana trazaba en la pizarra una gran flecha desde la esquina izquierda inferior apuntando hacia la esquina derecha superior. Luego escribía en la parte de arriba de la pizarra: “Apunta más alto”.

“Sin importar la doctrina que estuviera enseñando, nos pedía que nos esforzáramos y que llegáramos un poco más allá de lo que creyéramos posible. La flecha y esas palabras, apunta más alto, eran una invitación constante durante la lección. El hermano Peterson me inspiró a querer servir una buena misión, ser mejor en los estudios y elevar mis metas profesionales.

“El hermano Peterson tenía una obra para nosotros; su meta era ayudarnos a “pensar, sentir y luego hacer algo por vivir… los principios del Evangelio”. Su enseñanza ayudó a salvar mi vida.

“A los 19 años, fui llamado a servir en una misión a Tahití, y tenía que aprender dos idiomas: el francés y el tahitiano. Al principio me desanimé mucho por no progresar en ninguno de los dos idiomas. Cuando trataba de hablar francés, la gente me contestaba en tahitiano, y cuando trataba de hablar tahitiano, me respondían en francés. Estaba a punto de darme por vencido.

“Entonces, un día, al pasar por la lavandería de la casa de misión, escuché que alguien me llamaba. Me volteé y vi a una mujer tahitiana canosa en la puerta indicándome que regresara. Se llamaba Tuputeata Moo. Ella sólo hablaba tahitiano y yo sólo hablaba inglés. Entendí muy poco de lo que trataba de decirme, pero sí entendí que quería que regresara todos los días a la lavandería para ayudarme a aprender el tahitiano.

“Pasé todos los días para practicar con ella mientras planchaba. Al principio no estaba seguro si reunirme con ella me ayudaría, pero gradualmente comencé a entender lo que me decía. Cada vez que nos reuníamos, me expresaba su total confianza de que yo podía aprender ambos idiomas.

“La hermana Moo me ayudó a aprender el tahitiano, pero me ayudó a aprender más que eso. En realidad me estaba enseñando el primer principio del Evangelio: la fe en el Señor Jesucristo. Me enseñó que si confiaba en el Señor, Él me ayudaría a hacer algo que yo consideraba imposible. No sólo ayudó a salvar mi misión, sino también a salvar mi vida.”

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