Vencer la Pornografía

La adicción a la pornografía es una de las mayores plagas de esta generación de futuros misioneros. Para cualquier persona joven que ha caído presa de este influencia del mal, vencer la pornografía es algo que tendrá que hacer antes de convertirse en dignos de servir en una misión. En el siguiente texto y vídeo de arriba son algunas citas del discursos recientes de la conferencia general de nuestros profetas vivientes sobre cómo evitar y superar la pornografía:

Pres. Thomas S. Monson: La Pornografía destruirá el espíritu. Sean fuertes. Sean limpios.

“Muy alarmante están las noticias de la cantidad de personas que están utilizando internet para propósitos inicuos y degradantes, siendo el ver pornografía uno de los más prevalentes. Mis hermanos y hermanas, el participar en ello literalmente destruirá el espíritu. Sean fuertes; sean limpios; eviten a toda costa este tipo de material degradante y destructivo, ¡no importa lo que sea! Hago esta advertencia a todos, dondequiera que estén. Quiero agregar, en especial para los jóvenes, que esto incluye las imágenes pornográficas que se transmiten por teléfonos celulares (móviles).

“Mis amados amigos, no permitan bajo ninguna circunstancia caer en la trampa de ver pornografía, uno de los señuelos más eficaces de Satanás. Y si ahora participan en este tipo de conducta, dejen de hacerlo ya mismo. Busquen la ayuda que necesitan para superarlo y cambiar el rumbo de su vida. Tomen los pasos necesarios para volver al camino angosto y estrecho, y después permanezcan en él.” (Hasta que nos volvamos a ver, President Thomas S. Monson, Conferencia General de Abril 2009)

Pres. Gordon B, Hinckley: Hombres del sacerdocio deben levantarse por encima de la pornografía

“Este sacerdocio conlleva la gran obligación de que seamos dignos de él. No podemos permitirnos tener pensamientos impuros; no debemos ver pornografía; nunca debemos ser culpables de abuso de ninguna clase. Debemos estar por encima de esas cosas. “¡Levantaos, hombres de Dios!” y dejen atrás esas cosas y el Señor será su guía y apoyo…La computadora es un instrumento maravilloso cuando se usa como es debido; sin embargo, cuando se usa para dedicarse a la pornografía, o entrar en salas de chat, o para cualquier otro propósito que conduzca a prácticas o pensamientos inicuos, se debe tener la suficiente autodisciplina para apagarla.” (¡Levantaos, hombres de Dios!, Pres Gordon B, Hinckley, Conferencia General Oct. de 2006)

Elder D. Todd Christofferson: Está libre de deseos sensuales?

“El Salvador censuró a algunos de los primeros santos por sus “deseos sensuales” (D. y C. 101:6; véase también D. y C. 88:121). Aquellas eran personas que vivían en un mundo donde no existían ni la televisión, ni el cine, ni internet ni los iPod. En un mundo inundado por imágenes y música sensuales, ¿nos encontramos libres de ese tipo de deseos y de los males que los acompañan? En lugar de alterar los límites de la vestimenta modesta o de transigir a la inmoralidad indirecta de la pornografía, debemos sentir hambre y sed de rectitud. Para venir a Sión, no es suficiente que seamos un tanto menos inicuos que los demás; no sólo debemos ser buenos, sino que debemos llegar a ser hombres y mujeres santos. Recordando la frase del élder Neal A. Maxwell, establezcamos de una vez por todas nuestra residencia en Sión y renunciemos a nuestra casa de veraneo en Babilonia (véase “Proponed esto en vuestros corazones”, Liahona, noviembre de 2006, págs. 102–103).” (A Sión venid, Elder D. Todd Christofferson, Conferencia General Oct. de 2008)

Elder Jeffrey R. Holland: El más mortífero de los siete pecados capitales—La Lujuria

“Recuerden que aquellas jóvenes esposas dijeron que la infidelidad de los esposos comenzó con una atracción a la pornografía; pero la actividad inmoral no es sólo un problema de hombres, y los esposos no son los únicos que comenten esta ofensa. El peligro disponible al clic de un ratón, incluso lo que pueda ocurrir en un encuentro de una sala de conversación virtual, no hace acepción de personas, hombre o mujer, joven o anciano, casado o soltero; y sólo para asegurarse de que la tentación esté cada vez más accesible, el adversario está ocupado extendiendo su cobertura, como lo dicen en la industria, a los teléfonos celulares, los videojuegos y los reproductores MP3.

“Si dejamos de cortar las ramas de este problema y acometemos más directamente a la raíz del árbol, no es de sorprender que encontremos la lujuria merodeando furtivamente por allí. Lujuria es una palabra desagradable y ciertamente me es un tema desagradable para tratar, pero hay una buena razón por la que en algunas tradiciones se la conoce como el más mortífero de los siete pecados capitales.

“¿Por qué es la lujuria un pecado capital? Y bien, además del impacto espiritual destructor total que ejerce sobre nuestras almas, pienso que es un pecado porque profana la más elevada y la más santa relación que Dios nos da en la vida mortal: el amor que un hombre y una mujer se tienen el uno por el otro y el deseo que esa pareja tiene de traer hijos a una familia con la mira de ser eterna. Alguien dijo una vez que el verdadero amor debe incluir la idea de permanencia. El verdadero amor perdura, pero la lujuria cambia tan rápido como se da vuelta a una página pornográfica o se echa un vistazo a otro posible objeto de gratificación que se nos cruce, ya sea hombre o mujer. El verdadero amor que nos hace estar fascinados, como yo lo estoy por la hermana Holland, lo pregonamos desde los techos de las casas. Pero la lujuria se caracteriza por la vergüenza y el secreto, y es casi patológicamente clandestina, cuanto más tarde y más oscura sea la hora, mejor; y con puertas con doble cerrojo, por las dudas. El amor instintivamente nos hace acercarnos a Dios y tender la mano a los demás. La lujuria, por otro lado, no es para nada piadosa y celebra la autocomplacencia. El amor trae consigo manos extendidas y un corazón abierto; la lujuria sólo trae consigo un apetito voraz.” (No hay lugar para el enemigo de mi alma, Elder Jeffrey R. Holland, Conferencia General April de 2010)

Elder Dallin H. Oaks: Pornography threatens our spirituality, and our families. But there is a way out.

“Nos inquietó ver cuánto había escalado la pornografía en los Estados Unidos mientras estuvimos fuera. Desde hace muchos años, los líderes de la Iglesia han estado advirtiendo en cuanto a los peligros de las imágenes y de las palabras destinadas a despertar deseos sexuales. Ahora, la corruptora influencia de la pornografía, producida y diseminada con fines comerciales, está arrasando nuestra sociedad como una avalancha maléfica.

En la pasada conferencia general, el presidente Gordon B. Hinckley dedicó un discurso entero a este tema, advirtiendo en los términos más claros que “ése es un problema muy serio aun entre nosotros” (“Un mal trágico entre nosotros”, Liahona, noviembre de 2004, pág. 61). La mayoría de los obispos con quienes nos reunimos en conferencias de estaca dicen tener ahora mayores preocupaciones ante este problema.

Mis compañeros poseedores del Sacerdocio de Melquisedec y también nuestros jovencitos, quisiera hablarles hoy sobre la pornografía. Sé que muchos de ustedes están expuestos a ella y que muchos otros están siendo manchados por ella…

Las historias y fotografías pornográficas o eróticas son peores que los alimentos malsanos o contaminados. El cuerpo tiene defensas que le permiten librarse de los alimentos en mal estado. Con algunas excepciones fatales, la comida contaminada hará que la persona enferme, pero no causará daño permanente. Por el contrario, la persona que se deleita en historias indecentes o en fotografías o literatura pornográficas o eróticas, las graba en ese maravilloso sistema de almacenamiento al que llamamos cerebro. El cerebro no vomitará lo indecente; una vez que lo graba, permanece a la espera de ser recordado, destellando esas imágenes pervertidas por la mente, apartando a la persona de las cosas sanas de la vida…

La pornografía atrofia la capacidad de disfrutar de una relación emocional, romántica y espiritual normal con una persona del sexo opuesto; corroe las barreras morales que se levantan contra la conducta inapropiada, anormal o delictiva. Cuando se insensibiliza la conciencia, los que hacen uso de la pornografía tienden a llevar a la práctica lo que han visto, sin importar el efecto que eso pueda tener en su vida y en la vida de los demás.

La pornografía también es adictiva, paraliza la capacidad de decidir y esclaviza a quienes la usan, haciéndolos volver obsesivamente por dosis cada vez mayores. Un hombre que había sido adicto a la pornografía y a las drogas ilegales me escribió esta comparación: “En mi opinión, la cocaína ni se compara a la pornografía. Yo he sido adicto a ambas cosas… El dejar de usar las drogas más potentes no fue nada en comparación con [tratar de abandonar la pornografía]” (carta del 20 de marzo de 2005)…

A mis hermanos que estén atrapados en esta adicción o atormentados por la tentación les digo que hay una salida.

Primero, reconozcan el mal; no lo defiendan ni traten de justificarse. Desde hace, por lo menos, un cuarto de siglo, nuestros líderes han suplicado a los hombres y también a las mujeres y a los jóvenes que evitaran este mal. Nuestras actuales revistas de la Iglesia están llenas de advertencias, información y fuentes de ayuda en cuanto a este tema, con más de veinte artículos ya publicados o de futura publicación sólo en este año y el anterior.

Segundo, busquen la ayuda del Señor y de Sus siervos. Presten atención a estas palabras del presidente Hinckley: “Supliquen al Señor desde lo más profundo de su alma que Él les quite la adicción que les ha esclavizado. Y ruego que tengan la valentía de buscar la amorosa guía de su obispo y, de ser preciso, la asesoría de humanitarios profesionales” (Liahona, noviembre de 2004, pág. 62).

Tercero, hagan cuanto puedan para evitar la pornografía. Si alguna vez se encuentran en presencia de ella —lo cual puede sucederle a cualquiera en el mundo en que vivimos— sigan el ejemplo de José en Egipto. Cuando la tentación quiso asirlo, él huyó de inmediato (véase Génesis 39:12)…

Por último, no patrocinen la pornografía. No usen su poder adquisitivo para respaldar la degradación moral. Y ustedes, jovencitas, por favor entiendan que si se visten inmodestamente, lo único que hacen es empeorar el problema volviéndose pornografía a los ojos de algunos varones que las ven.

Por favor, presten atención a estas advertencias; mejoremos nuestra conducta personal y redoblemos nuestros esfuerzos para proteger a nuestros seres queridos y nuestro entorno contra la embestida de la pornografía que amenaza nuestra espiritualidad, nuestros matrimonios y a nuestros hijos.” (La pornografía, Elder Dallin H. Oaks, Conferencia General, Abril de 2005)

2 replies
  1. marcos
    marcos says:

    hermano yo estuve envuelto en la pornografia pero la venci luego entre al templo y me invistieron , ahora fuy a la mision y me regrese por que no tenia deseos de ser misionero ya no voy a la capilla por la verguenza de regresar de la mision y volvi a masturbarme y a ver pornografia digame por que vi e ise cosas obsenas me devo quitar el garment y no usarlo mas o devo de seguir usandolo por fa quiero su opinion

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  2. Juanma
    Juanma says:

    Hola yo tuve el problema con la pornografia. y ahora estoy intentando superarla.
    quiero realmente dejar la pornografia y veo que es algo serio. hace unos dias estuve volanteando para esta proxima capilla abierta con los misioneros y el obispo y realmente senti que estaba haciendo el bien y deje la pornografia, lei las escrituras hasta que volvi y ahora estoy intentando superarla definitivamente. porque quiero ser un hijo de dios servir a la mision y tener mi familia.
    Espero que si alguien lo lee me de algun video o algo con respecto a como superarla definitivamente.

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